Por Nadia Cano @nadcano

 

Entusiasta de la danza desde pequeña, representó al Paraguay en numerosas ocasiones a nivel nacional e internacional, hasta que finalizado sus estudios en el Colegio La Providencia y culminó ese capítulo de su vida ante el escaso tiempo que le dejaba el trabajo y el inicio de una nueva etapa en la universidad. Sin embargo, su energía constante la impulsó, primero a madrugar para correr alrededor de 10 kilómetros y, posteriormente, movilizarse a sus actividades diarias en la vieja bicicleta de su madre, Marlene.

De carácter afable y vigor inflexible, se sumó a la primera carrera de aventuras realizado en el Paraguay en el 2003. Desconocido deporte en aquel entonces, Alice se puso en la tarea de buscar compañeros y los elementos exigidos por la organización. Según recuerda, el equipo terminó exhausto aquel día, pero fervorosos por otra nueva aventura.

Tras obtener el segundo lugar en Expedición Guaraní y clasificar para representar al Paraguay en el mundial de aventuras de la Adventure Racing World Series (ARWS), a realizarse este noviembre en Australia, Alice nos cuenta de sus inicios y sus experiencias, así como de los motivos que impiden al equipo ExPy ser parte de la aventura mundialista, y ondear en alto la bandera guaraní.

 

El segundo lugar en Expedición Guaraní les abrió las puertas para correr el mundial de aventuras en Australia ¿por qué Expy no podrá finalmente ser parte de esa competencia?

 Clasificar para un mundial requiere de mucho esfuerzo, y de un largo proceso. No es fácil correr al lado de los mejores del mundo; saber que debemos respetar la experiencia de corredores que compiten carreras de 600, 800 kilómetros desde hace muchos años sin dejarnos intimidar. Haber llegado a este punto es gracias al proceso de todos estos años de competencias, ya que para ser parte de una carrera de expedición uno no se prepara seis meses antes o un año antes, sino que toma toda la práctica que se adquirió en un largo tiempo de aventuras, carreras y fracasos. Lastimosamente no podremos participar del mundial como lo teníamos previsto, ya que uno de mis compañeros acaba de ser padre, se complicaron los permisos laborales y los pasajes son muy costosos. Tampoco es fácil encontrar un reemplazo que esté dispuesto a correr con el gasto que implica el viaje y que este a la altura de la competencia. Los astros se alinearon para que no podamos ir.

 

En Expedición Guaraní estuvieron todo el tiempo muy cerca del líder de la carrera ¿cómo vivieron esa aventura?

Fue pura adrenalina desde el principio; no imaginamos estar detrás de uno de los mejores equipos del mundo (Columbia Vidaraid). Durante la competencia, nunca pensamos en el hecho de que nos faltaba mucho, nos centramos en terminar la etapa sin equivocarnos en la cartografía y a un ritmo rápido, lo que nos ayudó a mantenernos bien despiertos las primeras 72 horas, y obtener mucha distancia de otros equipos que venían detrás. Fue en el tramo de remo en el sufrimos mucho, y el momento en el cual Columbia Vidaraid tomó ventaja.

Aunque fuimos conscientes de que en cualquier momento las cosas podían cambiar, el hecho de mantenernos segundos, detrás de los campeones mundiales, nos motivó todo el tiempo. Dormimos muy poco (alrededor de tres horas durante los cinco días de carrera), pero suficiente para mantener la cordura. Por las noches pasamos mucho frío, prácticamente todo el tiempo mojados, pero recompensados con imponentes amaneceres que pudimos ver desde diferentes puntos del recorrido. Al finalizar, no podía creer que estábamos tan cerca de lograr lo que hace tiempo buscábamos; full course (carrera completa) en una competencia del circuito mundial. En ese momento no pude evitar las lágrimas al divisar el arco de meta y a un montón de nuestros amigos y familiares esperándonos. No se puede describir la sensación que vivimos en ese momento, fue mejor de lo que imaginé alguna vez.

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Para conocer más de vos ¿cómo inició tu afición por el deporte?

Cuando finalicé la secundaria, empecé a trabajar e ir a la Universidad, lo que me limitó el tiempo y ya no pude continuar con mis clases de danza. Pero tenía demasiada energía contenida y de alguna manera tenía que descargarla, comencé a ir al Parque Ñu Guazú todos los días a correr 10 kilómetros, para luego movilizarme en bicicleta primero al trabajo y de allí a la facultad. Llegaba extenuada pero dormía muy feliz.

En febrero del 2003, mirando la revista Dominical de Abc Color, me llamó la atención una nota titulada “Aventura Paraguay”, una carrera organizada por los Bomberos Voluntarios del Paraguay. Deseaba participar, pero necesitaba conformar un equipo de cuatro integrantes. Hablé con un primo y dos amigos (Eubaldo, Mauri y Sharki), a ellos también les gustó la idea. Formamos el equipo, y aunque conseguimos equipamientos muy rudimentarios, igual nos sirvió para cumplir con la lista de equipamientos obligatorios. Aquella fue la primera vez que participamos en una competencia de tres días; terminamos exhaustos, pero a mí me encantó la experiencia; fue inolvidable. Desde ese momento no pare más.

 

¿Por qué las carreras de aventura y no otro deporte? 

Porque debemos superar muchas disciplinas dentro de una sola competencia, lo que hace que sea más entretenido; además, no requiere solo de poseer un buen estado físico, sino de crear estrategias de avance con el equipo, se necesita usar la cabeza todo el tiempo. En una carrera de aventura, uno está en contacto directo con la naturaleza, y gracias a este deporte uno conoce lugares hermosos, sitios que jamás te puede ofrecer otro tipo de competencias.

En una ecoaventura (como lo conocemos en nuestro país), se práctica el compañerismo y la solidaridad; llevamos el cuerpo al límite para sacar finalmente fuerzas de la mente y el corazón. Otras de las razones que hacen de este deporte algo maravillo es la gente que uno conoce en cada competencia (tanto corredores como lugareños). Particularmente, en estos años de carreras, conocí personas geniales de distintas partes del mundo, así como al amor de mi vida, quien comparte conmigo la pasión por las aventuras y los desafíos.

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Tomando en cuenta que empezaste en una etapa donde no tenías el tiempo suficiente ¿cómo decidiste llevar el deporte a un plano más exigente?

Simplemente las cosas se fueron amoldando; soy muy competitiva y siempre me esforcé para mejorar el rendimiento en todas las disciplinas. Con el tiempo me percaté que las horas de entrenamiento daban buenos resultados, más aun considerando que varios equipos comenzaron a invitarme a correr con ellos. Estando en carrera, me sentía cómoda corriendo al mismo nivel que mis compañeros de equipo, ya que en este deporte, las mujeres debemos ser igual o más fuertes que los hombres. Cuando inicié, éramos pocas las mujeres que se animan a participar en carreras de aventura, por lo que mi competencia directa era otro corredor hombre.

 

Tu alto nivel de rendimiento te llevó rápidamente a competir en el exterior ¿cómo se dio esa oportunidad?

Fue en el 2004 cuando por primera vez me invitaron a correr una carrera en el extranjero, no podía creerlo. Acepté gustosa pero con miedo; no estaba segura de estar a la altura. Nos fue mejor de lo que pensamos, y a pesar de una caída en la que me rompí la cabeza, terminamos la carrera. De esa experiencia aprendí muchas cosas que en el Paraguay desconocíamos. Posteriormente, en el 2008, el equipo ExPy (Sebastián Aguilera, Diego Beconi y Rubén “Kuki” Etienne, quien hoy en día es mi marido) me invitaron a correr con ellos una carrera de 650 kilómetros en Brasil. Hasta ese momento, nunca un equipo paraguayo había corrido una carrera con esa distancia, fuimos los paraguayos principiantes que se aventuraron en un lugar totalmente desconocido, para finalmente cruzar el arco de llegada luego de cinco días.

Aquella prueba fue como un curso supe intensivo de carreras de expedición, de 60 equipos, finalizamos la prueba en el puesto 27, y aunque no estuvo mal para ser la primera vez (risas), nos dimos cuenta que nos faltaba mucha experiencia aún. Con los años, me fui sumando a más aventuras tanto en nuestro país como en el exterior, y todas estas experiencia hacen de mi una corredora preparada, lista para cualquier invitación. Realmente estoy agradecida con esas personas que confían en mí, con esos equipos que ven en mí una competidora dura, que no se da por vencida.

 

¿Es un deporte que requiere de mucho sacrificio? ¿Cuántas horas dedicas a entrenar?

 Si, amerita de mucho esfuerzo, y no solo físico, ya que es necesario renunciar a muchas cosas. A veces, uno se ve obligado a sacrificar fechas especiales con la familia, forzado también a un sacrificio económico muy grande, pues en cada carrera se funde parte del equipamiento y la bicicleta. En cuantos a las horas de entrenamiento son variadas; generalmente van de entre dos a cinco horas de entrenamiento.

Para ser parte de este deporte, en el caso de nosotras, las mujeres, debemos dejar a un lado la feminidad para hacer las cosas rápido y sin complicaciones. Ser lo suficientemente valientes y no pedir ayuda si no existe una verdadera necesidad; no dejar que los compañeros de equipo hagan todo por uno. Las chicas debemos saber cambiar la cámara si llantamos, manejar las herramientas de la bicicleta como profesionales, remar con fuerza y agilidad, y cuando cae la noche superar los miedos; si debemos tirarnos a un pozo, hacerlo sin dudar, así como lidiar con las cicatrices que quedan, con las quemaduras del sol.

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A pesar de no representar al Paraguay en Australia con ExPy, lo vas a hacer a nivel personal en el mundial de Ironman 70.3 en Estados Unidos ¿cómo surge esta oportunidad?

Realmente no estaba en los planes de este año correr un triatlón, menos un Ironman 70.3. La oportunidad surgió en abril de este año cuando el coach Claudio Delpueche, con quien entreno natación, logró un importante auspicio de Clasipar, lo que me permitió inscribirme al Itaipú Ironman. Fue así que con cinco meses de preparación y en medio de carreras de aventuras de más de 200 kilómetros cada mes, mi mayor desafío fue llegar a punto para agosto, descansada y sin lesiones. Me encantó la experiencia, los tiempos que hice no fueron los que pensaba que iba a hacer, el terreno realizado en la bici y la corrida tenían mucho desnivel, lo que hizo más difícil la prueba, pero fue en la natación mi mayor obstáculo, era mi punto débil. No obstante, aprendí muchas cosas en esta primera experiencia, y me he puesto la meta de volver a participar en este tipo de eventos, para así ir mejorando mis tiempos y aplicar lo aprendido. No conocía a mis rivales, pero sabía que estaban presentes muchas triatletas de sobrada experiencia, así que competí conmigo misma; fue grata la sorpresa al llegar y enterarme que obtuve el segundo lugar en mi categoría. Ese puesto me permitió además, ganar la clasificación al mundial de Ironman 70.3, que será realizado en septiembre del 2017 en Tennessee, Estados Unidos.

 

¿Cómo te estás preparando para ese momento?

De ese evento serán parte solo atletas que obtuvieron la clasificación, por lo que el nivel de atletas será alto. Como hay que ir bien preparados, no hay tiempo para descansar en este tiempo que queda hasta el mundial; continúo con mis entrenamientos de natación, ciclismo, running; además, sigo corriendo carreras de aventura y quiero inscribirme a por lo menos dos competencias de triatlón 70.3 antes del mundial, para de este modo llegar con más de experiencia.

 

¿Sos la única clafisificada?

No. Somos cuatro paraguayos clasificados para el mundial de Ironman 70.3 de Estados Unidos, y estoy orgullosa de formar parte de ese grupo de atletas. Ellos son Cristian Aranda, Carlos Dose y Andres Arce. Este logro no hubiera sido posible sin la ayuda del profesor Claudio Delpueche, el apoyo y la confianza de mi marido Rubén, con quien entreno a diario, y sin mi familia, quienes son mis mayores seguidores.

 

Aguerrida como pocas, Alice guarda con cariño cientos de medallas y trofeos obtenidos en ciclismo de montaña, running, ultra trails y carreras de aventura realizadas en el país como en el extranjero, y en las cuales orgullosamente subió al podio representando a Paraguay.

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